En nuestro encuentro nos reunimos a reflexionar sobre el documento: El camino y los aprendizajes de las elecciones de vuelo, 
del Proyecto Ícaro, programa que liderado por la Secretaría de la Juventud, buscaba brindar acompañamiento psicosocial y pedagógico a jóvenes, con el propósito de orientarlos en la elaboración de su proyecto de vida, en el que ellos contemplaron qué quieren ser, qué quieren hacer con su vida, qué quieren en su presente y qué desean para su futuro.
En el documento nos cuentan sobre las vivencias del proyecto y la metodología que aplicaron para su desarrollo. En el equipo estuvimos conversando alrededor del artículo, y nos llamaron la atención las cifras que allí exponen sobre el estado de los jóvenes en Medellín, de los cuales “el 24% tienen grandes capacidades de sobresalir, 11% tienen conductas de riesgo severas, y el 65% son jóvenes comunes y corrientes”.
A los dos primeros grupos son dirigidas la mayoría de intervenciones, programas y oportunidades de la ciudad y en general de cualquier programa de gobierno.
Sobre el tercero nos surgió una duda ¿qué son jóvenes comunes y corrientes?
La respuesta es subjetiva. Después de exponer algunas ideas, llegamos a la conclusión que, para Kairos, son jóvenes que tienen una vida tranquila, que no están en riesgo pero que tampoco acceden a oportunidades que contribuyan con su crecimiento personal y profesional. Es importante pensar en cómo inspirar a estos jóvenes para que se motiven a crear, pensar, pensarse, sobresalir e ir más allá.
¿Qué estamos haciendo los colegios, los grupos juveniles, los programas del estado y las corporaciones que trabajamos por y con los jóvenes para que estos puedan trascender, empoderarse y realizar acciones para su beneficio y el de sus comunidades?
Para nuestra Corporación esta pregunta fue un llamado a continuar pensando y aplicando estrategias que contribuyan a cerrar las brechas que existen entre jóvenes de diferentes estratos socioeconómicos, crear programas que promuevan el intercambio de experiencias, que les permita conocer su ciudad y otras realidades, que les permitan co-crear y construir juntos.
Cuando los jóvenes pueden compartir con pares y conocer otras realidades que estaban ocultas para ellos, se les abren nuevos caminos que los invita a la reflexión y a la acción en la transformación de su territorio y es a esto a lo que cada programa, curso, taller...pensado para jóvenes debe apuntar, hacia la integración y el trabajo conjunto sin etiquetas de ninguna clase.
Es, entonces, este el reto que nos queda, no asumir lo que creemos que los jóvenes necesitan sino escucharlos y entender cuál es realmente su necesidad, y a partir de lo que les gustan, los mueve y los apasiona; inspirarlos para que sean transformadores y actores de cambio.


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